LAS MUJERES QUE NO TENEMOS NOMBRE.
Cuando fallecen seres amados, las personas siempre nos enmarcamos en un adjetivo, para identificar la "pérdida".
Si mueren tus padres eres huérfano, si muere tu esposo eres viuda, pero si muere tu hijo... No tienes nombre.
Eres "innombrable", piensas que mejor sería no existir. El dolor es inmenso, inevitable, insoportable.
Podrían llamarnos locas, porque eso piensan y pensamos que nos podría pasar, en medio del sufrimiento sientes perder la razón.
Podrían llamarnos mártires porque no deja de doler y sufres, te culpas, cuestionas a Dios, te enojas con todo y contra todos.
Para algunos somos las castigadas, porque piensan que nos merecemos ese dolor...
En fin, pueden calificarnos de una y mil formas. O quizá nos hagan invisibles, nos ignoran y dejamos de existir.
Pues la verdad es que aunque no haya un nombre para encasillarnos por la "pérdida", simplemente somos "Madres" y el hecho de que nuestros hijos físicamente ya no estén, no nos quita la bendición de serlo.
Somos el canal que por amor, trajo a este mundo terrenal a un ser divino y eterno, como todos en el planeta...
Su cuerpo ha dejado de funcionar, se apagó, pero su esencia, su Ser, sigue vivo y jamás morirá.
El estigma de la sociedad, es solo falta de conocimiento, nos ven de manera antinatural.
Nada absolutamente nada en este hermoso y maravilloso Universo es antinatural; todo es perfecto y diseñado de manera correcta para todos y cada uno de los habitantes de este planeta.
Somos espíritus fuertes, almas valientes que decidimos aceptar la prueba de entregar a nuestros hijos.
Somos seres humanos dispuestos a servir como ejemplo de humildad.
Capaces de soportar el máximo dolor y seguir adelante, con gallardía, con más corazón.
Instrumentos de amor para elevar la frecuencia, generar compasión, empatía y solidaridad, para sensibilizar al mundo y decirles: A pesar de todo aquí estoy. Mujeres admirables, íconos de amor.
Hermanas de dolor, mujeres valientes, sí tenemos calificativo, sí tenemos nombre, somos ¡MADRES!
No hemos perdido a nuestros hijos, ellos están vivos y son muy felices y al igual que las demás, si nuestros hijos están bien, nosotras también.
Ya no los vemos, pero sí los sentimos, ya no nos hablan pero sí nos escuchan, ya no los cuidamos, ellos nos cuidan, ya no los llamamos pero sabemos dónde están, ya no necesitamos más que cerrar los ojos y abrir el corazón y de inmediato acuden a nosotras, porque ahora fluye más rápido la comunicación.
Las abrazo con el alma, las bendigo y sé que por algo y para algo Dios nos dió está misión.
Paola 


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