MIS



ANDRÉS



He aprendido que las lágrimas que brotan cada vez que te pienso, son lágrimas de la causa del amor, por amarte incondicionalmente.
Lágrimas que en tu nueva dimensión, se convierten en destellos cálidos, en abrazos, en besos, en caricias de madre a hijo.
Lágrimas que brillan en mi rostro, como un ramal de estrellas, deseando que en el verdadero hogar, seas tan feliz como en nuestra casita.
Lágrimas de alegría, como cuando te hacía tu comida favorita y nos tumbábamos al sillón a comer y ver películas.
Lágrimas que son suspiros, como el canto de un ruiseñor o el vuelo de una mariposa, cuando venís a visitarme.
Lágrimas que son felicidad cada vez que te sueño y despierto con un enorme gozo en el corazón, por verte bien y saberte feliz.
Lágrimas que expresan mi emoción de saber que estás vivo, volando alto, corriendo, feliz, sonriendo, aprendiendo, evolucionando.
Lágrimas que ya no cuestionan los ¿Por qué? Sino que están vibrando en los ¿Para qué?
Lágrimas que confirman un ciclo maravilloso de vida, que cuando naciste, tu llegada nos hizo felices y todos reímos, y vos estabas llorando; y que con tu partida, todos los que te amamos lloramos y vos estás feliz, seguro estás riendo.
Lágrimas de plenitud, porque tu vida terrenal ha valido la pena, dejaste huellas, y son huellas bonitas, tan bonitas como tu ser.
Ninguna madre evite, niegue o contenga sus lágrimas, porque vio partir a su hijo. Esas lágrimas son la muestra de que siguen conectadas las almas por siempre y para siempre.
Cuando lloras, no siempre lloras de dolor, algunas veces es por amor y cuando calmas, sonríes y sientes paz en tu corazón.
Te amo mi muñequito 
Tu mamá Paola
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